La mayoría de la gente crea una lista de tareas con muy buenas intenciones. Al cabo de unos días, la lista parece demasiado larga, desordenada o, simplemente, da mucho estrés solo con mirarla. No te preocupes, no es un fallo tuyo. Esto suele pasar porque el sistema no sirve para el día a día real. Entre las tareas del trabajo, los niños, los recados, los mensajes y los imprevistos de última hora, una simple lista de tareas suele acabar desmoronándose.
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